
46 STUDIA POLITICÆ Nº 64 primavera–verano 2025
Barbé (1995, p. 197) interpreta que “la estructura del sistema internacio-
nal es denida por la conguración de poder surgida de las relaciones entre
actores”. En este sentido, la estructura del sistema internacional “está con
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gurada por las grandes potencias, ya que las mismas disponen del poder
estructural para dictar las reglas de juego” (Barbé, 1995, p. 198).
Por su parte, Oviedo (2023) sostiene que el sistema internacional es una es
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tructura desconectada de poder regulada por el principio de coordinación. El
autor diferencia entre sistema y orden, y los procesos de cambios a los que
pueden sujetarse. Por ello, argumenta que es indispensable entender al siste
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ma en movimiento, cuyas cuatro principales expresiones son: “los cambios
de sistema, los cambios en el sistema, los cambios de orden y los cambios
en el orden” (p. 26). Para Oviedo los órdenes “emergen como resultado de
la institucionalización de las relaciones políticas en el derecho. Es decir, el
poder de las naciones y los argumentos de estas para sostener la dominación,
congurados en acuerdos, tratados o instituciones políticas” (Oviedo, 2023
p. 26). Esto es importante entenderlo, no solo porque nos permite diferenciar
entre sistema y orden, sino porque nos da una dimensión de como la gober-
nanza global hace a un determinado orden.
El sistema internacional interestatal, que se origina con la paz de Westfalia de
1648 –y de ahí su denominación como “westfaliano”–, sentó sus bases con
el establecimiento de ciertos atributos correspondientes al Estado. Atributos
como las unidades territoriales, la población, el territorio y la soberanía le
otorgan al Estado la primacía en las relaciones internacionales. El sistema
westfaliano, en denitiva, es la base que permitió cierto equilibrio de poder
en Europa en los siglos XVIII y XIX.
Sin embargo, desde 1648 hasta la actualidad, el sistema internacional tuvo
períodos de continuidades y rupturas, por lo que maniesta un constante mo
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vimiento según el equilibrio de poder se consolide o no. Estas continuida-
des y rupturas del sistema, fueron generadas por cambios profundos de los
órdenes establecidos. De esta manera, se ha periodizado según los grandes
acontecimientos disruptivos. Así, las Guerras Napoleónicas dieron origen
al orden europeo post 1815, la Primera Guerra Mundial provocó el adveni-
miento del período de entreguerras (1919-1939), en tanto que tras la Segun-
da Guerra Mundial surgió el orden bipolar que caracterizó a la Guerra Fría
(1947-1991). Finalmente, la caída del Muro de Berlín, en 1989, y la desapa-
rición de la Unión Soviética, en 1991, dieron lugar al orden unipolar con los
Estados Unidos como superpotencia.